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En todos los equipos hay futbolistas que marcan la diferencia, jugadores que tienen un peso importante y pueden desequilibrar la balanza en cualquier momento del partido. No obstante, las plantillas superan la veintena de futbolistas, por lo que es importante que todos los integrantes se sientan parte del grupo, tanto los que consiguen la titularidad de manera regular, como los que con frecuencia aparecen desde el banquillo o no son convocados en todos los encuentros. Ya lo dijo durante una rueda de prensa Pep Guardiola, “las grandes actuaciones las tienen los grandes onces, pero los títulos los ganan, sobre todo, los suplentes”.

Uno de los mayores problemas que tiene el futbolista es no contar con la cantidad de minutos que desea o cree que merece. El jugador solo es feliz cuando está en contacto con el césped y el balón, pero no siempre es así. Es difícil estar en la banda y no poder competir junto a sus compañeros, pero es necesario mantener la calma, ser cauto y estar preparado para aprovechar la oportunidad. En muchas ocasiones, el futbolista que comienza desde el banquillo puede tener mayor incidencia en el resultado que muchos de los titulares, siempre y cuando el suplente tenga la suficiente motivación y compromiso con el equipo, tarea en la que también influye el entrenador.

La motivación es uno de los pilares más importantes a la hora de competir, es necesario que todos los futbolistas estén enchufados y pretendan aportar al equipo su grano de arena, dejando de lado los egos y las disputas individuales por el bien del grupo. Existen dos tipos de futbolistas en los banquillos, aquellos para los que sumar kilómetros y no tener minutos es una verdadera cruz, y, por otro lado, jugadores que lo toman como un reto y una llamada de atención para seguir mejorando y esforzándose. Normalmente, en esta disyuntiva triunfan los que luchan y ayudan al equipo con las oportunidades que les brinda el entrenador, y los que tiran la toalla acaban saliendo por la puerta de atrás. Sin olvidar también, la existencia de jugadores que se ven titulares y se acomodan, futbolistas que acaban perdiendo el sitio en el once y crean malestar en el vestuario con actitudes perjudiciales para el club.

Es muy difícil manejar una plantilla, mantener un equilibrio a la hora de repartir minutos entre todos los jugadores. No obstante, los entrenadores prefieren a los futbolistas que no agachan la cabeza, que no buscan conflictos si no juegan lo suficiente. Un equipo necesita que cada uno asuma su rol, se esfuerce en conseguir los objetivos que marca la entidad y abandone el egoísmo. Cada vez que vemos a un club levantar algún trofeo, observamos a toda una plantilla junto con el cuerpo técnico en las fotografías. Esto es la muestra de que un equipo está compuesto por muchas piezas que necesitan encajar de manera correcta, sin importar finalmente el que ha sido titular o suplente. Una vez que se consigue el título de campeón, todos los integrantes son ganadores.

El fútbol es muy caprichoso y siempre tiene una oportunidad guardada para aquellos que trabajan y se sacrifican. Muchos jugadores que han partido con desventaja y desde el banquillo han pasado a la historia de este magnífico deporte. Hay dos ejemplos importantes, tanto en el último Mundial como en la última Eurocopa. Por un lado, Mario Götze, el futbolista alemán entró en los últimos minutos del partido y anotó el gol de la victoria en la prórroga, dándole a Alemania su cuarto mundial. Y algo más reciente fue la aparición de Éder, quien entró en el campo como tercer cambio de Portugal, y consiguió el gol que haría campeona de Europa a la selección lusa.

Por todo esto y mucho más, para todos aquellos futbolistas que en estos momentos no están disfrutando de minutos en sus respectivos equipos, aquellos que se sienten en un segundo plano en la jerarquia de su entrador, a todos aquellos que tienen pensado titar la toalla, si a TI, recuerda que el fútbol es una carrera de fondo donde al final triunfan los que no se rinden y siguen trabajando para alcanzar sus metas. Aquellos que miran siempre por el bien del grupo antes que el suyo. Porque al final el mejor jugador no es aquel que juega más minutos, sino el que es capaz de aprovechar cada segundo que está en el campo por él y sus compañeros.

“Vete del campo sabiendo siempre que lo has dado todo y antes o después el fútbol te pondrá en el lugar que te mereces”

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