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Cuando llegamos a este club, hace ya año y medio, el equipo estaba en descenso y el vestuario estaba completamente dividido. Sabíamos a lo que nos enfrentábamos antes de firmar aquí y sabíamos que no iba a ser nada fácil. Sin embargo, aceptamos el cargo. Desde que llegamos, una idea teníamos clara y es que si queríamos mejorar como equipo debíamos mejorar como grupo. Eso hicimos. Empezamos a trabajar con ellos con ejercicios donde el buen rollo era patente. Nos daba igual el tema físico y por supuesto también el tema táctico. Nuestro principal objetivo ahora era el grupo. Empezamos a organizar salidas de equipo, barbacoas, juegos dentro y fuera del campo, etc, etc, etc.




Entonces todo empezó a mejorar. El vestuario empezó a ser más sano y por supuesto los resultados no tardaron en llegar. Fuimos capaces de salir del descenso en pocas semanas y acabamos el año décimos. Una hazaña impensable cuando llegamos.

Este año, empezamos bien, dos victorias en los primeros tres partidos. Sin embargo, sin razón aparente el equipo empezó a sufrir revés tras revés que nos hacían irnos a la zona baja de la tabla.
Hoy hemos sufrido la tercera derrota consecutiva. La sexta en los últimos diez partidos. El equipo está anímicamente destrozado. Nosotros también. Los jugadores empiezan a desconfiar de ellos mismos e incluso de nuestro trabajo, y por consiguiente el grupo ha empezado de nuevo a resquebrajarse.
Tenemos que cambiar esto, pero… ¿por dónde empezamos? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué estamos perdiendo nuestra esencia?

Muchas son las preguntas que hoy me azotan la cabeza y muchas las respuestas que yo mismo me doy. Sin embargo no consigo entender el por qué de esta situación. Mañana pienso dar un toque de atención al equipo. Me estoy jugando mi puesto de trabajo ¡cojones! Sin embargo a la vez que pienso eso, me pregunto, ¿y si el culpable de esta situación soy yo? ¿Y si estoy trasladando mi nerviosismo al equipo? ¿Y si me he olvidado del grupo? Ya hace meses que no organizamos ninguna salida con el equipo. Ahora sólo entrenamos en el campo y sólo miramos el resultado de la semana anterior. El año pasado no teníamos nada que perder, pero este año siento que si. ¿Y si me estoy equivocando yo? ¿Y si he descuidado otra vez al grupo?

Después de haberme hecho miles de preguntas durante esta noche, me doy cuenta que el fútbol no es sólo un deporte, que no es solo dar patadas a un balón. El fútbol es mucho más que eso. El fútbol es psicología. Un jugador es importante para el grupo cuando se siente importante. Un jugador es bueno, cuando piensa que es bueno. Un jugador va bien de cabeza cuando lo cree de verdad. Y un equipo es un grupo cuando todos piensan que lo son.

Así que mañana tengo trabajo por delante. Tengo que hacer ver a mi equipo que vamos a ganar este fin de semana.


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